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¿Porqué se recurre al divorcio?

lunes, 12 de marzo de 2012

¿Está usted pensando en divorciarse?
Si así es, ¿llevará una vida más feliz después de romper su matrimonio? ¿Qué consejos prácticos pueden ayudarle a conseguir la felicidad junto a su cónyuge?
Cuando Dios casó a la primera pareja humana, indicó que el hombre “tiene que adherirse a su esposa, y tienen que llegar a ser una sola carne” (Génesis 2:24).
 Por lo tanto, el matrimonio sería una unión permanente. Jesús más tarde declaró que la “fornicación” es, según las Escrituras, el único motivo para divorciarse y poder contraer nuevas nupcias 

“Las ventajas del divorcio se han sobrestimado”, afirma Linda Waite, profesora de Sociología de la Universidad de Chicago, quien dirigió un equipo de investigación sobre matrimonios desdichados. Asimismo, después de pasar once años analizando las respuestas de miles de personas, el profesor de la Universidad de Oxford Michael Argyle descubrió que “los menos felices en la sociedad son los divorciados y los separados”. 
¿Cuál puede ser la razón?
Aunque el divorcio logre eliminar algunos problemas, también puede desencadenar una serie de sucesos traumáticos sobre los que se tenga poco control. Además, las investigaciones demuestran que el divorcio normalmente no reduce los síntomas de depresión ni aumenta la autoestima.
Aun cuando no se tenga “el matrimonio perfecto”, permanecer junto al cónyuge quizás reporte beneficios. Muchos que han tomado esa resolución han hallado la felicidad. La profesora Waite asegura: “Con el tiempo, muchas dificultades se resuelven, y las personas casadas tienden a ser más felices”. De hecho, un estudio revela que casi 8 de cada 10 personas que en un momento se sintieron “muy infelices” en su matrimonio pero que no se divorciaron, afirmaron estar “felizmente casadas” cinco años más tarde. Por tanto, las parejas hacen bien en no divorciarse de forma apresurada, incluso cuando hay problemas graves.

Consejos prácticos
Los que están pensando en el divorcio se deben preguntar si sus expectativas del matrimonio son realistas. Los medios de comunicación han vendido la imagen de la relación romántica que culmina en una boda muy lujosa con un final de cuento de hadas.
 Después de la boda, si las elevadas expectativas no se cumplen, la decepción puede generar conflictos. Cuando las tensiones se acumulan, llega un momento en que los sentimientos heridos dominan las emociones. 
El amor se desvanece, y con el tiempo, lo sustituyen la ira y el odio. En esas circunstancias hay quienes piensan que la única salida es el divorcio.  Si ese fuera su caso, en lugar de permitir que los sentimientos negativos influyan en su punto de vista, frecuente la compañía de quienes tienen un firme sentido de compromiso en el matrimonio.


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¿Qué es el glaucoma?


Primero necesitamos conocer algunos detalles relacionados con nuestros ojos.
Un folleto editado por la Glaucoma Foundation de Australia explica: “La rigidez del ojo se logra mediante presión: los tejidos suaves se ‘inflan’ igual que un neumático o un globo”. Para “inflarlos”, el cuerpo ciliar inyecta en el interior del ojo un fluido, el humor acuoso, que es producido con la ayuda de los vasos sanguíneos.
 “El humor acuoso circula en lo profundo del ojo, nutre las partes vivas y regresa al torrente sanguíneo a través de una estructura con forma de colador, conocida como malla trabecular.”
Si esa malla se obstruye o se constriñe por alguna razón, la presión interna del ojo se eleva y se empiezan a dañar las delicadas fibras nerviosas localizadas en el fondo del globo ocular.

Esta afección, responsable del 90% de los casos de glaucoma, se denomina glaucoma de ángulo abierto.
La presión interna del ojo (presión intraocular) varía constantemente y depende de múltiples factores, como el ritmo cardíaco, la cantidad de líquidos que se ingieren y la postura corporal. Son cambios normales que no dañan al ojo. Además, la hipertensión ocular no constituye por sí misma un síntoma de glaucoma, ya que la presión “normal” difiere de una persona a otra. No obstante, sí es un indicador de riesgo.

Una forma rara de esta afección es el glaucoma agudo por cierre angular. A diferencia del de ángulo abierto, en esta clase de padecimiento la presión intraocular aumenta de forma brusca, ocasionando fuertes dolores en el ojo, visión borrosa y vómitos. Si no se atiende a las pocas horas de haberse presentado los primeros síntomas, es muy posible que sobrevenga ceguera.
 Un tercer tipo es el glaucoma secundario, el cual —como da a entender su nombre— es provocado por otras afecciones oculares, como tumores, cataratas o lesiones.

Por último, una pequeña parte de la población sufre el cuarto tipo: el congénito. Puede que esté presente al momento del nacimiento o se manifieste poco después, y se identifica cuando el recién nacido tiene los ojos más abultados de lo normal y es demasiado sensible a la luz.


El doctor Ivan Goldberg, prominente oftalmólogo australiano, le comentó a ¡Despertad! lo siguiente: “La razón por la que se dice que el glaucoma roba la vista sin que uno se dé cuenta es que no manifiesta ningún síntoma. El tipo más común avanza de forma lenta pero decidida y, sin advertencia alguna, va dañando la estructura del nervio que conecta el ojo con el cerebro. Ni el lagrimeo, ni la resequedad ocular, ni la visión poco clara al leer o escribir tienen relación alguna con este mal. Pudiera parecernos que los ojos funcionan a la perfección y, sin embargo, tener glaucoma en etapa avanzada”.

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