¿Qué es el glaucoma?

lunes, 12 de marzo de 2012

Primero necesitamos conocer algunos detalles relacionados con nuestros ojos.
Un folleto editado por la Glaucoma Foundation de Australia explica: “La rigidez del ojo se logra mediante presión: los tejidos suaves se ‘inflan’ igual que un neumático o un globo”. Para “inflarlos”, el cuerpo ciliar inyecta en el interior del ojo un fluido, el humor acuoso, que es producido con la ayuda de los vasos sanguíneos.
 “El humor acuoso circula en lo profundo del ojo, nutre las partes vivas y regresa al torrente sanguíneo a través de una estructura con forma de colador, conocida como malla trabecular.”
Si esa malla se obstruye o se constriñe por alguna razón, la presión interna del ojo se eleva y se empiezan a dañar las delicadas fibras nerviosas localizadas en el fondo del globo ocular.

Esta afección, responsable del 90% de los casos de glaucoma, se denomina glaucoma de ángulo abierto.
La presión interna del ojo (presión intraocular) varía constantemente y depende de múltiples factores, como el ritmo cardíaco, la cantidad de líquidos que se ingieren y la postura corporal. Son cambios normales que no dañan al ojo. Además, la hipertensión ocular no constituye por sí misma un síntoma de glaucoma, ya que la presión “normal” difiere de una persona a otra. No obstante, sí es un indicador de riesgo.

Una forma rara de esta afección es el glaucoma agudo por cierre angular. A diferencia del de ángulo abierto, en esta clase de padecimiento la presión intraocular aumenta de forma brusca, ocasionando fuertes dolores en el ojo, visión borrosa y vómitos. Si no se atiende a las pocas horas de haberse presentado los primeros síntomas, es muy posible que sobrevenga ceguera.
 Un tercer tipo es el glaucoma secundario, el cual —como da a entender su nombre— es provocado por otras afecciones oculares, como tumores, cataratas o lesiones.

Por último, una pequeña parte de la población sufre el cuarto tipo: el congénito. Puede que esté presente al momento del nacimiento o se manifieste poco después, y se identifica cuando el recién nacido tiene los ojos más abultados de lo normal y es demasiado sensible a la luz.


El doctor Ivan Goldberg, prominente oftalmólogo australiano, le comentó a ¡Despertad! lo siguiente: “La razón por la que se dice que el glaucoma roba la vista sin que uno se dé cuenta es que no manifiesta ningún síntoma. El tipo más común avanza de forma lenta pero decidida y, sin advertencia alguna, va dañando la estructura del nervio que conecta el ojo con el cerebro. Ni el lagrimeo, ni la resequedad ocular, ni la visión poco clara al leer o escribir tienen relación alguna con este mal. Pudiera parecernos que los ojos funcionan a la perfección y, sin embargo, tener glaucoma en etapa avanzada”.

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